La Guerra de Castas (II)

Durante los primeros diez meses después del levantamiento iniciado en Tepich, los indígenas avanzaron notablemente, conquistando las principales poblaciones del sur y el oriente de la Península. Fueron tomadas las villas de Tihosuco y Valladolid por la milicia indígena, que las tomaron como bastiones. Valladolid fué destruída en varias ocasiones. Tihosuco arrasada a un caserio. Fueron tomados también Peto, Tekax, Ticul, Izamal entre otros lugares, quedando bajo el control indígena dos tercios de la Península. Alcanzando Tecoh que quedaba a apenas a 43 kilómetros de la capital Mérida. Los blancos se replegaron en Mérida, el puerto de Campeche, su corredor entre ellas y poblaciones costeñas del norte de la Península.
“A medida que los indios avanzaban hacia la capital del Estado, el terror se iba apoderando de todos los ánimos, y ya no solo corrían a buscar un refugio en Mérida y Campeche los habitantes del interior, sino que muchos se apresuraban a malvender sus bienes para emigrar a paises extranjeros. Comenzaban a desesperarse de la Salvación de la Península, y creyendo que sólo el cielo podía librarla de caer en las garras de la barbarie, se hacían oraciones públicas para implorar su protección… El gobierno hacía entretanto esfuerzos poderosos para arbitrarse recursos y reanimar el espíritu público. Prohibióse la emigracióna todos los hombres capaces de llevar las armas, y no siendo ya suficientes ni los impuestos extraordinarios para afrontar los gastos de la campaña, se ocurrió a suscriciones voluntararias y a prestamos forzosos”. Eligio Ancona
“En las calles de Mérida y Campeche se hablaba de la matanza general, de eliminación de la población blanca de Yucatán, lo cual significaba más de 140,000 personas contando los mestizos, quienes seguramente tenían que entrar en las cuentas. El 28 de mayo anclaba una goleta en Veracruz, con el rumor de que había caído Mérida. Los militares hablaban de una retirada, combatiendo, a Sisal, de una defensa tras los muros de Campeche; esta era la única esperanza que el General podía dar al Gobernador”. Nelson Reed.
Ante la situación desesperada de los yucatecos blancos y sus seguidores mestizos, debido al dominio tan amplio que habían logrado sobre las poblaciones de la Península los guerreros indígenas, el gobernador renunció a su puesto en marzo de 1848 y lo dejó en manos del vicegobernador quién tenía mejores relaciones con los indígenas que se habían rebelado. Las relaciones de éste no solo con los indígenas, sino con el clero, le permitían conducir las acciones para lograr un pacto de paz.
Las platicas de paz tuvieron lugar en el poblado de Tzucacab. En ellas participaron por parte de los criollos, el gobernador Miguel Barbachano, Felipe Rosado y los sacerdotes Canuto Vela y Manuel Ancona; por el lado indígena, estuvieron presentes Jacinto Pat, el mestizo José María Barrera y el presbítero Mezo Vales.
El mismo día de la firma del tratado, Venancio Pec, el seguidor mas fiel y feroz de Cecilio Chi, tomó la villa de Bacalar. Chi, que representaba la parte más radical de la rebelión, atacó e incendió de inmediato la población de Maní, en la que se reportaron más de 200 muertos.

Autor: IsisMaya

Investigador Independiente

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s